Un día como hoy: 7 de mayo del 1915 – Hundimiento del transatlántico RMS «Lusitania»

Artículo de Stefano Basilico

Primera guerra mundial – Hundimiento del transatlántico RMS «Lusitania» en Océano Atlántico, torpedeado por el submarino alemán U-20 bajo el mando del comandante Kapitänleutenant  Walther Schwieger: un episodio que, a más de un siglo de distancia de los acontecimientos, sigue siendo muy “dudoso” históricamente hablando y no acaba de alimentar sospechas sobre una postura de despiadado cinismo por parte de las Naciones Aliadas en el bando de la Entente.

Concretamente, cabe destacar que:

  • 1) el RMS «Lusitania», a pesar de ser un transatlántico repleto de pasajeros, no podía ser considerado tal como un buque neutral: técnicamente clasificado como “crucero auxiliar”, iba cargado de armas y material bélico rumbo a Inglaterra;
  • 2) la Royal Navy británica, en un momento de la travesía, retiró los “buques escolta”, dejando el transatlántico expuesto a la acción de los submarinos de la Kaiserliche Marine;
  • 3) la postura del presidente Woodrow Wilson (EEUU) después del hundimiento fue bastante “errática” y contradictoria.

Por lo tanto, queda la impresión muy fuerte que Inglaterra (junto a una parte de la opinión pública en EEUU) fuera a la búsqueda de un «casus belli», para luego sellar la participación norteamericana al conflicto al lado de la Entente. Desde luego, EEUU en su historia han necesitado tradicionalmente de un «casus belli»: tal como en el caso de la voladura del acorazado USS «Maine», en el puerto de La Habana (15 de febrero 1898) o la incursión japonesa en Pearl Harbor (7 de diciembre 1941), en distintas épocas.

Sin embargo, en contradicción con una fácil y totalmente equivocada interpretación, cabe subrayar con mucha fuerza que en este caso EEUU decidieron declarar guerra a los Imperios Centrales no por consecuencia del hundimiento del RMS «Lusitania», sino solamente 2 años después, es decir por consecuencia de la decisión alemana (adoptada a final del mes de enero del 1917) de practicar la denominada “guerra submarina sin restricciones”.

Esta fue una decisión muy grave, y difícil, a interpretarse tal como una «extrema ratio»: debido al agotador estancamiento en el frente occidental y a la imposibilidad de llegar a una victoria resolutora en el frente oriental (a pesar de las derrotas padecidas por lo Rusos ya en la fase tempranera del conflicto, en la zona de los Lagos Masurianos), con el objetivo de cortar las vitales arterias de abastecimiento de Inglaterra, es decir las conexiones marítimas entre el Imperio Británico y la Madre Patria, no menos que el flujo de recursos que procedía desde el continente americano (EEUU y Latinoamérica). Decisión grave, y controvertida: en vano, el Canciller alemán Theobald von Bethmann Hollweg intentó oponerse en el debate que se desarrolló a la presencia del mismísimo Kaiser Guillermo II; al final, después de que el Emperador firmó el decreto, el Canciller – intuyendo que esta decisión empujaría los Estados Unidos a la beligerancia – comentó de manera tajante al salir de la reunión: «finis Germaniae».  

Por lo tanto, esta decisión alemana de practicar la “guerra submarina sin restricciones” fue la verdadera clave en de la participación norteamericana en el conflicto. Además, imposible no mencionar el episodio del “Telegrama Zimmermann”: la gota que hizo desbordar el vaso, literalmente; una mezcla de espionaje e intriga, pero con una componente de diletantismo político tan increíble que desató más de una sospecha de traición por parte de alguien en la cúpula militar y/o política de la antigua Alemania Imperial.

En el famoso telegrama, enviado al Gobierno de México por parte del Ministerio Alemán de Asuntos Exteriores, se propuso algo como una “alianza orgánica” en el sentido militar: por la cual el país centroamericano después del conflicto “recuperaría” los territorios anteriormente perdidos de Texas, Arizona y Nuevo México.

Desde luego, no cabe duda de que abrir un frente bélico en el mismísimo continente americano (enfrentamiento directo de EEUU con México) hubiera sido un elemento de grande complicación para los Norteamericanos en la perspectiva de la asistencia política, militar y logística a las naciones de la Entente. Por otro lado, que el Segundo Imperio Alemán (en aquella época involucrado con todas sus fuerzas en los dos frentes europeos, este y oeste) tuviera la posibilidad concreta de ayudar y seguir sustentando a México en este papel de “aliado”, todo esto sigue dejando más de una duda.

En lo que se refiere al “Telegrama Zimmermann”, una referencia bibliográfica clave sigue siendo el homónimo libro de Barbara Tuchman (1958): una obra donde una vez más la grande historiadora y periodista americana evidenció toda su sabiduría y clase de escritora.


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