Invito a la lectura: Frank Thiess – “Tsushima”

di Stefano Basilico


Invito a la lectura: Frank Thiess (13 marzo 1890 – 22 dicembre 1977) – «Tsushima, novela de una guerra naval» (1936)

Este libro es posiblemente el más conocido entre las obras de Frank Thiess (1890-1977), báltico, periodista y escritor de novelas y ensayos. Es mucho más que el relato de un viaje: tramanda la historia – entregándola a la leyenda – de la Armada rusa en la guerra del 1904-1905, frente a Japón; esta narración, que tendrá su conclusión en las aguas de la isla de Tsushima a finales de mayo de 1905, es el relato de una tragedia: una tragedia, humana e histórica, según los criterios clásicos del término.

Frank Thiess (1890-1977)

La escuadra misma, en sí – la dicha «Segunda Escuadra del Pacífico», desde su construcción hasta su llegada a la cita con un destino inexorable, después de un viaje alrededor del mundo – constituye el marco, el escenario donde la tragedia se desarrolla; la armada como elemento unificador, algo como una “unidad dinámica” donde confluyen las tres unidades de tiempo, lugar y acción que ya propuso Aristóteles en la Poética, dejando los inmortales criterios de la tragedia clásica como canon literario.

Detrás de este escenario, la psicología de los rusos y japoneses, como pueblos y como individuos; las decisiones políticas y estratégicas a nivel mundial, no menos que cambios sociales y económicos, en el periodo de la «Belle Époque» que ya iba rumbo a su fin con enfrentamientos entre Estados e Imperios: en menos de una década, los disparos de Sarajevo sellarán el ocaso de toda una época.

La ‘Segunda Escuadra del Pacifico’, desde Libau a Tsushima

En el marco, en el esfondo: Mukden y Lüderitz, Port Arthur y Nossi Bé, Singapur y la Bahía de Kamrah; en primera línea, sobre estos escenarios dinámicos, se mueven e interactuan los actores de la tragedia: Kondratenko, Kuropatkin, Nogi, Makarov, Togo, Rožestvenskij, Fölkersam.

Zinovij Petrovič Rožestvenskij (1848-1909)

El almirante ruso, Zinovij Petrovič Rožestvenskij, es el paradigma mismo de la tragedia; la mirada firme y seria, en la aceptación del cargo, sabedor de una tarea mucho más allá de lo que es humanamente posible; las largas noches en vella, en navegación: su cara día trás día mas delgada, los ojos brillantes de fiebre; la soledad del mando, lo primero frente a su lealtad y su mismo sentido del honor; su fortaleza, actitud y disponibilidad a hacerse cargo de todo, sin pausas; la incesante preocupación por la Escuadra, y por todos sus marineros: que aprendieron a quererle y estarán con él hasta el final, sabedores que es el único que pueda – y merezca – conducir sus buques.   

El acorazado “Kniaz Aleksandr Suvorov”
(Kronstadt, octubre 1904)

Preocupado por no traicionar a su Patria, la Santa Madre Rusia que es mucho más que las miserias de una monarquía inepta o la infamia de toda una clase de nobles corruptos y funcionarios ávidos; él advierte que el espíritu mismo de Rusia está en su armada: encima, muchos de los buques llevan el nombre de valiosos antepasados de la historia rusa, empezando con el acorazado Kniaz Aleksandr Suvorov (buque insignia de la esquadra); luego están el Kuzma Minin, el Dmitri Donskoi, el Vladimir Monomach, el Admiral Nachimov

el acorazado “Borodinó”, liderando la navegación de la “Segunda Escuadra del Pacífico”, en las aguas de Madagascar (enero 1905)

Sabedor de todo: de la superioridad bélica del enemigo japonés, no menos que de los intrigos de sus enemigos en el Palacio del Zar Nicolás II, conjurándose entre ellos y apuñalándole a la espalda en la lejana San Petersburgo; la noticia de la caída de Port Arthur, con el consecuente definitivo aniquilamiento de la «Primera Escuadra del Pacífico», le lleva a la decisión de arrumbar directamente hacia Vladivostok:   su firmeza de ánimo, su mirada de hielo; su postura cada día más honda e inexorable hacia sí mismo no menos que hacía los demás en la aceptación de un destino imparable, refleja la de Hagen Tronje, el héroe del Cántico de los Nibelungos: cumplir luchando con honor, con todo y a pesar de todo, hasta el final.

Sus adversarios, los primeros, rindieron homenaje a Rožestvenskij: al hombre, antes que al almirante.

Singapur, 7 de abril del 1905 – la Armada rusa (que zarpó desde el Mar Báltico el anterior 14 de octubre) pasa en perfecto orden, en zafarrancho de combate y encabezada por los cuatro flamantes acorazados «clase Borodinó», delante de la poderosa base naval británica: rumbo a levante. Los ingleses, aliados de Japón, intentaron obstacular con todas las armas de la guerra y diplomacia la marcha de los Rusos a través de los océanos; ahora esta “armada fantasma”, en la que nadie creía, y que había desaparecido por largo tiempo entre el Océano Atlántico y Océano Índico, acababa de materializarse en las aguas de Malaysia…  Desde los cruceros que vigilan la entrada del puerto orgullosamente apodado como la “Gibraltar del Lejano Oriente“, ojos atentos detrás de los catalejos miran la Escuadra y echan las cuentas: «45 buques: todos, están todos…; este Hombre sabe: es un valiente».

Heiachiro Togo (1848-1934)

Hospital Militar de Sasebo, algunos días después de la batalla naval: el almirante japonés Heiachiro Togo – con un uniforme simple y sin condecoraciones – visita a su adversario, que sigue ingresado, gravemente herido en el combate del Estrecho de Tsushima; una pequeña charla, un intercambio de palabras llenas de respeto mutuo: una conversación no larga, para no cansar demasiado a su colega. Luego, Togo se va: sus pasos ligeros, en los pasillos del hospital; la cara que refleja sus pensamientos: el destino, la lealtad, el honor, la perseverancia y la disciplina, la caducidad del ser humano, la línea a veces muy sutil entre derrota y victoria; la pequeñez de un hombre solo delante de la historia: una historia que sin embargo cada uno de nosotros contribuye a construir…

Un libro apasionante y profundo, capaz de atrapar el lector: una página tras otra. Y hay más: a pesar de que suene a paradoja, este es un libro que podría desatar una sensación dicotómica; si por un lado resulta dificil dejarlo, por el otro el lector sufre al ver el numero de páginas que quedan por leer reducirse progresivamente; e inexorablemente.   


Bibliografia

Hough Richard, La flotta suicida. Bompiani, Milano 1959.
Novikov-Proboi A, La tragedie de Tsoushima. Payot, Paris 1934.
Pleshakov Constantine, La última armada del Zar. Turner, Madrid 2003.
Thiess Frank, Tsushima – Il romanzo di una guerra navale. Einaudi, Torino 1942.
Thiess Frank, Tsushima – Novela de una guerra naval. Hymsa, Barcelona 1944

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